
Del libro "El Lado Positivo del Fracaso" de JOHN C. MAXWELL
Cuando la gente piensa en ti, ¿se dice a sí misma: «Mi vida es mejor gracias a esa persona», o «Mi vida es peor debido a esa persona»? Su opinión probablemente responda la pregunta de si tú estás añadiendo valor a su vida.
Para tener éxito como persona, tú tienes que tratar de ayudar a otros. Eso es por lo que Zig Ziglar dice: «Usted podrá llegar a tener en la vida todo lo que desea si ayuda lo suficiente a otros para que ellos lleguen a tener todo lo que desean». ¿Cómo se logra eso? ¿Cómo dejar de preocuparse por uno mismo para empezar a preocuparse por los demás? Puedes hacerlo: ¿cómo?, pues escuchando de temporada y unos pequeños consejos que vamos a compartir contigo acerca de dar valor a los demás.
Para tener éxito como persona, tú tienes que tratar de ayudar a otros. Eso es por lo que Zig Ziglar dice: «Usted podrá llegar a tener en la vida todo lo que desea si ayuda lo suficiente a otros para que ellos lleguen a tener todo lo que desean». ¿Cómo se logra eso? ¿Cómo dejar de preocuparse por uno mismo para empezar a preocuparse por los demás? Puedes hacerlo: ¿cómo?, pues escuchando de temporada y unos pequeños consejos que vamos a compartir contigo acerca de dar valor a los demás.
Las siguientes pautas tratan sobre dar valor a los demás, que es el tema de este sábado:
1. Poniendo a los demás primero en tus pensamientos
Cuando conoces a alguien, ¿es tu primer pensamiento sobre lo que van a pensar de ti o es tu primer pensamiento, cómo podrías hacerles sentir más cómodos? En el trabajo, ¿tratas de hacer que tus compañeros o tus empleados luzcan bien, o estás preocupado en asegurarse de recibir tu mensual? Cuando tú estás con miembros de la familia, ¿cuáles son los mejores intereses que tienes en mente?
Cuando llegas a conocer los valores de una persona, puedes añadirle otros.
Sus respuestas mostrarán dónde está su corazón. Para agregar valores a los demás tienes que empezar poniendo a los demás antes que a ti en tu mente y corazón. Si puedes hacerlo, entonces podrás ponerlos primero en tus acciones.
2. Descubra lo que los demás necesitan
¿Cómo podría alguien agregar valores a los de otras personas si no sabe de lo que aquellas personas tienen necesidad? Escuche a la gente. Pregúnteles por las cosas que son importantes para ellos, y obsérvelos. Si puede descubrir cómo la gente gasta su tiempo y su dinero, conocerá sus valores. Y cuando conozca sus valores, podrá añadirles más.
3. Satisfaga la necesidad con excelencia y generosidad
El paso final demanda acción concreta. Una vez que tu conozca las cosas que le interesan a las personas, esfuérzate por satisfacer sus necesidades con excelencia y generosidad. Ofrece lo mejor de ti sin pensar en la retribución.
Un ejemplo claro es la vida de John Wesley
DETRÁS DE TODO GRAN HOMBRE
Cuando pienso en algunas de las figuras notables de la historia que fueron capaces de ministrar a las necesidades de la gente y llevar a cabo un gran servicio, uno de los primeros que recuerdo es John Wesley, el inglés del siglo dieciocho que fundó el movimiento metodista. Él fue un líder que sirvió a Dios durante toda su vida con un espíritu generoso.
Pero hay alguien en su familia que fue aun más desinteresada que él y que, realmente, alcanzó sus objetivos a través de su servicio.
Pero hay alguien en su familia que fue aun más desinteresada que él y que, realmente, alcanzó sus objetivos a través de su servicio.
Esa persona fue la madre de John, Susana Wesley. La última de veinticuatro hijos nacida en 1669 en el seno de una familia londinense acomodada, la muy inteligente Susana fue la mascota de su padre, el clérigo Samuel Annesley. Aunque por lo general en la Inglaterra de aquellos tiempos no se daba a las hijas mujeres una educación formal, Susana recibió una instrucción excelente de su padre, quien le permitía permanecer en su estudio cuando muchos de los hombres famosos de su tiempo se congregaban allí para discutir temas generales y filosofía. Como resultado, ella era una persona bien informada, y su capacidad intelectual estaba bien afinada.
A los diecinueve años de edad, se casó con Samuel Wesley, un joven clérigo a quien se le llegó a considerar uno de los más finos eruditos de sus días. Formaron su hogar y empezaron juntos sus vidas. Poco tiempo después, Susana tuvo su primer hijo, al que le siguieron varios más. Desdichadamente sus esperanzas eran más grandes que sus posibilidades de modo que pasaron casi todos sus cincuenta años de vida matrimonial en medio de apuros económicos.
INFLUENCIAR A LOS INFLUYENTES
En aquellos días, las mujeres de la clase media no trabajaban fuera de su casa, no obstante, Susana tuvo un trabajo más que de tiempo completo. Se dedicó por entero al cuidado de su familia. Mantenía la casa, controlaba las finanzas (su marido era un pésimo administrador financiero) y supervisaba sus modestos esfuerzos campesinos. Aun cuando Samuel fue enviado por sus acreedores a prisión donde permaneció durante tres meses, ella no desmayó en su trabajo, el que realizó mientras seguía teniendo hijos, lo cual no era corriente en aquellos días. En veintiún años, trajo al mundo diecinueve hijos, diez de los cuales lograron sobrevivir.
A pesar de todo el trabajo que Susana Wesley realizaba para su familia, su tarea más importante era educarlos. Cada día, excepto los domingos, durante seis horas se dedicó a la instrucción moral e intelectual de sus tres varones y siete mujeres. Hizo de ese trabajo el objetivo de su vida.
Cuando estaba en los sesenta, su hijo John le pidió que le diera a conocer sus métodos escribiéndolos. Su respuesta fue:
No me gusta escribir sobre mi forma de enseñar. Creo que no serviría de mucho que alguien supiera cómo yo, que he vivido una vida de retiro por muchos años, empleé mi tiempo y cuidados en criar a mis hijos. Nadie puede, sin renunciar al mundo, en el sentido más literal, llevar a cabo mi método; y hay muy pocos, si es que hay alguien que pudiera dedicarse por entero durante los mejores veinte años de su vida a salvar el alma de sus hijos, la cual se cree que puede salvarse sin mucha dificultad; eso fue mi principal preocupación dijo ella.
Ella había realizado un increíble acto de entrega y, en el proceso, tuvo que dar mucho de sí, como ella misma dice, los mejores veinte años de su vida. Pero los resultados que se pueden ver en sus tres hijos hablan por sí solo. Charles fue un influyente clérigo y se le ha reconocido como uno de los más grandes escritores de himnos de todos los tiempos. Y a John se le atribuye el haber delineado el carácter de Inglaterra más que cualquiera otra persona en su generación. Su impacto en el Protestantismo sigue siendo notable.
Es probable que tú no puedas dar a tu familia el tiempo que le dio Susana Wesley a la suya. Pero qué importante es que des todo cuanto puedas a las personas que son importantes para ti. Y podrás hacer eso solo si aprendes a no preocuparte por ti. Dedica más atención a lo que puedes dar en lugar de a lo que puedes recibir, ya que dar es realmente el nivel más alto de vivir.
Despreocúpese de usted y comience a darse a los demás
Si una tendencia egoísta te está impidiendo despreocuparte de ti, examina tu actitud y decídete a hacer de las necesidades de los demás una prioridad en tu vida. Empieza haciéndote las siguientes preguntas diariamente, tanto al principio como al final de cada día:
• ¿A quién estoy beneficiando con mi vida?
• ¿A quién estoy ayudando que no puede devolverme el favor ayudándome?
• ¿A quién estoy levantando cuando no puede hacerlo por sí solo?
• ¿A quien estoy dando ánimo diariamente?
Si tú vas a actuar cada día con los intereses de los demás en tu mente, pronto vas a poder dar respuestas concretas y afirmativas a estas preguntas.
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