
La acción verdaderamente puede cambiar nuestra forma de pensar y de vivir si agregamos el reducir el miedo al actuar
A VECES HASTA LOS MEJORES CAEN
Ha veces he oído de aquellas personas que nacieron echadas sal en vez de talco, pienso que algún momento escuche esas palabras directamente para mí; hoy me alegro de que no sea así porque existe tanta gente que ha llegado a la cima del éxito, entre comillas pero ha llegado a un punto en donde experimenta el fracaso y este se convierte en su miedo principal para seguir actuando.
Mucha gente sin éxito cae en el ciclo del miedo. Pero lo mismo ocurre con las personas altamente exitosas. Por ejemplo, cuando se observa la vida del compositor George Frederick Händel, se puede ver a una persona exitosa que se encontró en una situación de la que necesitaba desesperadamente salir.
Händel fue un músico prodigioso. Aunque su padre quería que estudiara leyes, él se dedicó a la música desde una edad muy temprana. A los diecisiete años, consiguió el puesto de organista en la catedral en Halle, su ciudad natal. Un año después, fue violinista y clavicembalista en la casa de la ópera del káiser en Hamburgo. Cuando tenía veintiún años, fue un virtuoso del teclado. Cuando empezó a componer, ganó inmediata fama y pronto fue nombrado director de la capilla de la corte del elector de Hanover (posteriormente rey Jorge I de Inglaterra). Cuando se mudó a Inglaterra, su renombre aumentó. Cuando tenía cuarenta años, ya era famoso mundialmente.
UN REVÉS DE LA FORTUNA
A pesar de su talento y fama, Händel enfrentó una considerable adversidad. La competencia con compositores ingleses sus rivales fue dura. El público era veleidoso (caprichoso) y a veces no acudía a sus presentaciones. Además de eso, fue víctima frecuente del cambio de los vientos políticos de esos tiempos. Varias veces se encontró sin un centavo en los bolsillos y al borde de la bancarrota. Era difícil para él dominar el dolor que le provocaban el rechazo y los fracasos, especialmente después de un pasado tan próximo y tan exitoso. Luego sus problemas se complicaron por el quebrantamiento de su salud. Sufrió un derrame que lo dejó con su brazo derecho sin movimiento lo que significó la pérdida del uso de cuatro dedos de su mano derecha. Aunque se recuperó, quedó abatido. En 1741, decidió que era el tiempo de retirarse, aun cuando solo tenía cincuenta y seis años. Se sentía desanimado, miserable y lleno de deudas. Creía que sus acreedores lo mandarían a prisión.
El 8 de abril de ese mismo año, ofreció lo que se interpretó como su concierto de despedida. Triste y lleno de autocompasión, se dio por vencido.
A VECES HASTA LOS MEJORES CAEN
Ha veces he oído de aquellas personas que nacieron echadas sal en vez de talco, pienso que algún momento escuche esas palabras directamente para mí; hoy me alegro de que no sea así porque existe tanta gente que ha llegado a la cima del éxito, entre comillas pero ha llegado a un punto en donde experimenta el fracaso y este se convierte en su miedo principal para seguir actuando.
Mucha gente sin éxito cae en el ciclo del miedo. Pero lo mismo ocurre con las personas altamente exitosas. Por ejemplo, cuando se observa la vida del compositor George Frederick Händel, se puede ver a una persona exitosa que se encontró en una situación de la que necesitaba desesperadamente salir.
Händel fue un músico prodigioso. Aunque su padre quería que estudiara leyes, él se dedicó a la música desde una edad muy temprana. A los diecisiete años, consiguió el puesto de organista en la catedral en Halle, su ciudad natal. Un año después, fue violinista y clavicembalista en la casa de la ópera del káiser en Hamburgo. Cuando tenía veintiún años, fue un virtuoso del teclado. Cuando empezó a componer, ganó inmediata fama y pronto fue nombrado director de la capilla de la corte del elector de Hanover (posteriormente rey Jorge I de Inglaterra). Cuando se mudó a Inglaterra, su renombre aumentó. Cuando tenía cuarenta años, ya era famoso mundialmente.
UN REVÉS DE LA FORTUNA
A pesar de su talento y fama, Händel enfrentó una considerable adversidad. La competencia con compositores ingleses sus rivales fue dura. El público era veleidoso (caprichoso) y a veces no acudía a sus presentaciones. Además de eso, fue víctima frecuente del cambio de los vientos políticos de esos tiempos. Varias veces se encontró sin un centavo en los bolsillos y al borde de la bancarrota. Era difícil para él dominar el dolor que le provocaban el rechazo y los fracasos, especialmente después de un pasado tan próximo y tan exitoso. Luego sus problemas se complicaron por el quebrantamiento de su salud. Sufrió un derrame que lo dejó con su brazo derecho sin movimiento lo que significó la pérdida del uso de cuatro dedos de su mano derecha. Aunque se recuperó, quedó abatido. En 1741, decidió que era el tiempo de retirarse, aun cuando solo tenía cincuenta y seis años. Se sentía desanimado, miserable y lleno de deudas. Creía que sus acreedores lo mandarían a prisión.
El 8 de abril de ese mismo año, ofreció lo que se interpretó como su concierto de despedida. Triste y lleno de autocompasión, se dio por vencido.
LA INSPIRACIÓN PARA SEGUIR ADELANTE
Pero en agosto de ese año, algo increíble ocurrió. Un amigo acaudalado llamado Charles Jennings visitó a Händel y le entregó un libreto basado en la vida de Cristo. La obra intrigó a Händel lo suficiente como para ponerlo en acción. Empezó a escribir. E inmediatamente se le abrieron las compuertas de la inspiración. Su ciclo de inactividad había sido roto.
Durante veintiún días, escribió casi sin parar. Luego pasó otros dos días trabajando en la orquestación. En veinticuatro días, completó el manuscrito de doscientos sesenta páginas. Llamó a esa obra El Mesías.
Hoy día, El Mesías de Händel es considerado una obra maestra y la culminación del trabajo del compositor. De hecho, Sir Newman Flower, uno de los biógrafos de Händel, dijo de la preparación de El Mesías: «Considerando la inmensidad de la obra y el corto tiempo que usó, quedará, quizás para siempre, como la más grande proeza en toda la historia de la composición musical».3
Cuando se han logrado vencer los dolores emocionales del fracaso, no importa mucho cuán buena o mala sea su historia personal. La única cosa que importa es que usted enfrentó a su miedo y logró ponerse en actividad. Haga eso y se estará dando la oportunidad de aprender cómo dar con el lado positivo del fracaso.
Entre en acción y reduzca su miedo
¿A qué objetivo esencial para su éxito teme enfrentar más en este momento? Escríbalo aquí:
La única forma de mantenerse avanzando es enfrentar el miedo y ponerse a caminar.
Anote a continuación todos sus miedos asociados con la actividad:
Examine su lista y acepte el hecho que usted tiene miedo. Decida qué primer paso puede dar para empezar a moverse en su intento de alcanzar tal objetivo. No importa si es pequeño o grande. Solo hágalo. Si fracasa, inténtelo de nuevo. Siga intentando dar el primer paso. Luego decida cuál es el siguiente paso.
Recuerde, es casi imposible poner en acción sus sentimientos. Póngase en acción usted y sus sentimientos seguirán su ejemplo. La única manera de vencer el miedo es entrando en acción
Enlace para escuchar la música de Handel
http://www.youtube.com/watch?v=JPaF5DGUfvI&feature=search
No hay comentarios:
Publicar un comentario